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Asunto: Mi Poema o Mi Cuento
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Poldy Bird: Poesías




No sé cómo pasó, pero pasó

No fue engaño.
No fue traición lo mío.
Yo te esperaba, me endulzaba el cuerpo con
olorosas cremas, me perfumaba con esencias
de flores blancas, jazmines y magnolias,
madreselvas y rosas ...
Sabias que te esperaba y no venias.
Yo te amaba y te amo.
Quería que me cerraras lo ojos con tus labios,
que corrieras las sabanas planchadas
Y dejaras caer sobre mi cuerpo la luna
y las estrellas, como el cielo las deja caer
sobre los charcos.
No, no fue un engaño.
Te amaba y quería que me amaras.
Estaba sola.
No fuiste vos.
Quería que me amaran
Y fue otro.
Y fue mágico.
Breve, profundo, cálido.
No sé como pasó, pero pasó.
¡Yo lo deseaba tanto!
No me arrepiento.
Ya vez, te lo confieso.
Tampoco he de olvidarlo, ni lo intento.
Me bajo las estrellas.
Me encendió los luceros.
Bautizó con saliva cada centímetro cuadrado
de mi cuerpo.
Fue generoso y bello, y me hizo sentir tan plena,
tan mujer, tan deseada y hermosa,
que no importa si mintió,
si también yo mentí
cuando hablábamos de amor entre jadeos.
No me arrepiento.
Si volviera a pasar lo que paso,
Volvería a hacerlo.
Quizás tuvo que ver que era verano
Y el verano es mas triste
Que la cama de muera de desvelo,
Quizás tuvo que ver que era verano ...
Pero yo igual te amaba, Igual te amo.
No se seca el rosal
Porque cortemos una rosa de sus ramas.
Yo te amaba y quería la fiesta de tu sexo.
Vos no oías la música, los llamados, los gritos.
Y él oyó.
El se acercó.
Yo simplemente cerré los ojos
olí el verano,
Deje que mi jardín resucitara.
No pregunté.
Fui rosa, barco hundido, eclipse, luces.
Y vos aunque lejano, aunque ausente,
Seguías siendo raíz, sol y océano.
Por eso digo que no fue traición.
Por eso digo que no fue engaño.
Fue un cántaro de agua en medio del desierto.
Fue un bálsamo que detuvo el ardor de las heridas.
No me arrepiento.
Ya ves, te lo confieso.
Siempre te dije la verdad.
Nunca tuve vergüenza
de mostrar mi corazón,
sin el séptimo velo cubriéndolo.
Mi corazón desnudo, maltratado,
que casi no cuidas,
que muchas veces
has dejado olvidado por ahí,
y me llego cansado de recorrer
infinitas distancias para volver a mi ...
¿Lo ves?
Sigue siendo tuyo.
Yo igual te amaba. Igual te amo.
No sé como pasó.
Pero pasó.
Quizás tuvo que ver que era verano

Como se hace un poema
Quiero que hagamos un recuerdo hoy, como se hace un poema.
Hoy, que todavía tengo estrellas en los ojos y la piel suave y nueva como hojas tiernas que inaugura la primavera en los árboles de octubre.
Hoy, que mi voz se nutre con savia de tu amor y conoce el itinerario que llega hasta el centro de tu corazón enamorado.
Hoy, que me has comprado un ramillete de violetas y aún están vivas y tienen un poco de rocío en los pétalos, y mis manos las sostienen a la altura de mi pecho, haciéndoles oír los golpeteos apurados anhelantes, de este corazón loco que late al compás de tus palabras.
Hoy, que somos felices y que reímos por nada, porque en la plaza no hay nadie, pudimos sentamos en un banco para nosotros solos, debajo de una fina y transparente llovizna de junio que nos humedece el pelo y la cara y nos devuelve aquella infancia, aquellos niños que fuimos una vez, desobedientes, escapados de la tutela materna, metiendo los zapatos en los charcos, demorando nuestra vuelta de la escuela para jugar a la rayuela sobre las baldosas rotas de la vereda.
Un recuerdo.
Un recuerdo perfecto y preciso, pintado con la témpera de un gran pintor, con todos los colores y todas las luces de este instante, para poder mirarlo más adelante y verlo así: tus ojos pardos, mis ojos azules, tu impermeable gris, mi tapado amarillo, los árboles de un verde lavado, los guijarros rojos, el cielo como una plancha de azogue y plomo, las violetas azules.
Una muchacha alegre y un muchacho contento.
Unas palabras viejas como el mundo que se llenan de alas y campanas y suenan nuevas, nuevas por completo porque han sido pulidas y lustradas por la ternura que nos rebasa, que nos cubre, que nos estremece.
Este beso que enciende, esta cabeza mía que cae como un fruto dorado sobre tu pecho.
Este momento de felicidad que nos vuelve hermosos, únicos habitantes de¡ milagro.
Somos los pobladores de la maravilla, ¿te das cuenta?
Somos una canción, dos aves en vuelo, dos estrellas de una constelación de amor.
Somos los sacerdotes de una antigua religión que la humanidad vuelve a inaugurar cada vez que un hombre y una mujer entrelazan las manos y se dicen te quiero.
Somos un amanecer, la llegada de¡ sol y del verano en una lluviosa tarde. Esto se repetirá, dices. Esto se repetirá, digo.
Habrá otras tardes y otros días y otros be y otras palabras iguales a éstas... Sí, si... vos querés que así sea, yo quiero que así sea... Pero el tiempo se nos va a trepar, nos obligará a cambiar -como a todos-, y a medida que transcurran los meses y los años nos convertiremos en otros, parecidos a estos de hoy, pero otros. Habremos salvado algunos obstáculos, habremos sufrido algunas desilusiones, tendremos algunas heridas que trataremos de curar y algunos miedos que desearemos olvidar... ciertas partes de los resortes que hoy nos mueven estarán gastadas y tendremos que cambiarlas.
Porque eso es vivir ... ; vivir es gastarse y renovarse y volverse a gastar, dejar cosas en el camino... y encontrar otras.
Nos amaremos, si seguiremos amándonos..., pero también nuestro amor pasará por mil pruebas, será iluminado por otras luces y oscurecido por sombras. También nuestro amor cambiará, se irá modificando, ganara hondura y perderá esplendor. Será alto y macizo como el roble añoso, y no tendrá la gracia -un poco endeble, pero arrobadora- de¡ arbolito nuevo.
Por eso quiero que hoy, que en este momento, fabriquemos un recuerdo con todo lo que nos pertenece, con lo que somos ahora, y lo guardemos con cuidado, como se guardan las fotografías de los grandes acontecimientos, para mirarlo, pasados unos años, y encontrarnos en él... y volver a vivir por un instante este temblor, esta claridad, esta emoción esta perfecta realidad de amor que nos hace felices.
No creas que no te he amado.
No creas que no te amo cuando te pienso, cuando te recuerdo y te digo gracias, gracias, un millón de veces gracias ...
No me sueltes de la mano
Estoy perdida y sola como un pájaro que retrasó su vuelo y tu silencio me dibuja sombras donde los ángeles estaban siempre (hoy se pusieron túnicas de duelo) No me sueltes la mano... me da miedo saberte tan lejano, me da miedo pensarte tan ausente. El olvido y la muerte son hermanos y los dos nos atacan frente a frente. Este amor no se cansa ni se vence, busca tu voz que calla, busca la tinta de su sentimiento, quiere recomponer no sé qué cosa que se ha quebrado en el cristal del tiempo. No me quites el aire que respiro, no me quites el sueño que me calma, no me sueltes la mano en la tormenta. no desates tu alma de mi alma.


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