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BENITO PÉREZ GALDÓS: Biografía breve y fragmento de Marianela

BENITO PÉREZ GALDÓS Nació el 10 de Mayo de 11843 en Las Palmas (Gran Canaria). Allí vivió y estudió hasta Septiembre de 1862, cuando se trasladó a Madrid para estudiar derecho, y fue en Madrid donde vivió el resto de su vida y la ciudad en la que se inspiro para escribir muchas de sus novelas.
En 1873 abandonó la vida social activa y se dedicó exclusivamente a escribir. En los años posteriores sufrió una ceguera progresiva, hasta que se quedó totalmente ciego en 1912.

En sus últimos años se dedicó a un grupo exclusivo de amigos, los cuales le ayudaron en sus últimos proyectos de novela y teatro.
Murió el 4 de Enero de 1920.
Obra
Benito Pérez Galdós ha producido muchas obras literarias. Escribió varias obras de teatro y más de cien obras narrativas.
Siguiendo a Capdevila (1947. pág. 47) clasificaremos sus obras en dos grandes grupos:
a) Episodios nacionales:
Nos presenta una historia novelada del siglo XIX. Consta de cinco series de 10 novelas cada una, excepto la última serie que está sin acabar (sólo 6 novelas); son un total de cuarenta y seis novelas en que el autor narra los principales acontecimientos del siglo, desde la Guerra de la Independencia contra Francia (1805) hasta la Restauración (1875).
En ellas, Galdós mezcla con gran habilidad acontecimientos públicos (históricos) y privados (novelescos).
Entre otras características, la originalidad de la obra reside en que Galdós escribe en ciertos episodios como Trafalgar o Prim novela histórica contemporánea al autor.
b) Novelas largas:
Sus primeras novelas nacen de sus reflexiones sobre el problema de España.
En ellas, Galdós nos presenta un mundo enfrentado ideológicamente: los tradicionalistas, intransigentes y apegados al pasado, y los progresistas, más abiertos. Su propósito es criticar el triste frecuente enfrentamiento fraticida (entre hermanos) entre esos dos grupos españoles. Tienen un tema común: la intolerancia.


A esta época pertenecen:
- Gloria.
- Doña Perfecta, Galdós, movido por sus ideales liberales, acusa de intransigente al catolicismo español.
- Marianela: cuyo protagonista muere cuando nota que el joven a quien servía de lazarillo advierte su fealdad al recobrar la vista y se enamora de otra. Este periodo puramente realista empieza con
La familia de León Roch marca la transición entre este tipo de novelas a las del periodo puramente Realista, a las que Galdós llamó novelas españolas contemporáneas, un conjunto de obras en las que refleja la sociedad española de su tiempo.
Personajes de todas las clases sociales deambulan por cualquier ambiente imaginable, movidos por ideales tanto nobles como miserables.
La sociedad española que nos presenta el autor es hipócrita, inculta, falta de ideales con políticos ineptos…
Son de destacar:
- Miau
- y Fotunata y Jacinta: cuenta los tormentosos y dramáticos amores de una muchacha de pueblo, Fortunata, con Juanito Santa Cruz, un señorito madrileño que se casa con una joven burguesa, Jacinta.
En las últimas novelas, Galdós se muestra más pesimista y denuncia la falta de cariad y amor hacia las personas menos favorecidas, la injusticia, el desagradecimiento, el egoísmo…
- Sirva de ejemplo Misericordia.: El autor pinta con simpatía la abnegada generosidad de la Señá Benigna, oponiéndola al egoísmo de sus amos, que la abandonan olvidando los sacrificios que hizo por ellos.
Características "realistas" de su obra
El realismo de Galdós es el de la gama más amplia entre los cultivadores de esta tendencia. Recurría al simbolismo y a las implicaciones de las vidas particulares y el destino colectivo.
La temática abarcadora de la novela galdosiana se deriva de su interés en examinar la vida burguesa. Para ese análisis se vale de la sátira, la parodia y la ironía para comentar las debilidades burguesas. También tiene un lado "espiritual", que sería resultado de su amistad con el gran krausista Francisco Giner de los Ríos.
Galdós trata los temas universales de la caridad, los valores espirituales, los problemas de la ciencia moderna y el materialismo, la justicia social, la tolerancia, la libertad individual, la igualdad y el amor.
Pérez Galdós es un gran creador de ambientes, costumbres, situaciones y acontecimientos, para lo que observaba atentamente, anotaba y recopilaba datos, especialmente de las gentes de clase media de Madrid. Por esto sus paginas producen el efecto de lo que vio o vivió.
Estaba interesado en comprender el lado más humano y auténtico del ser humano, por eso los personajes creados por Galdós, con ese lenguaje, tan familiar como expresivo que le caracteriza, le convierten en un cronista de la realidad de la época en la que vivía.
Con frecuencia se le achacan ciertos descuidos o desaliño en el estilo. La verdad es que el autor nunca pretendió ser un preciosista en la manera de escribir, por este hecho buscaba la espontaneidad, la agilidad y la expresividad con los toques de ironía y humor que le daba a sus obras para hacerlas atractivas, amenas y fluidas. Escribía una prosa de gran expresividad, ágil y dotada de un gran poder de sugerir.
En su obra se ve la importancia de la realidad, de la psicología humana y del medio ambiente. Es obvia la influencia de las teorías evolucionistas. Sus libros reflejan el dinamismo de la sociedad, y un rechazo de lo estático. Se enfoca en la relación entre los hechos pasados y el futuro, mientras trasciende el regionalismo de la novela realista.
Galdós fue capaz de construir un amplio cuadro de la sociedad de su tiempo. Los personajes son complejos y evolucionan a lo largo de la obra, son descritos con mucho detalle y elegancia, se nos muestran sus pasiones, debilidades, fisonomías y caracteres humanos.
En sus obras, utiliza personajes históricos para dar verosimilitud a la historia. Al construir los caracteres hacía un gran trabajo de investigación: primero visitaba los sitios en los que situaba sus novelas, describe a los personajes unas veces mediante rasgos físicos, otras mediante rasgos morales y otras mediante gestos o la indumentaria y muchas veces los caracteriza mediante lo que dicen. Lo acusaron de descuidado, pero no lo era, lo que sabía hacer era adaptar el lenguaje a la índole del personaje. Por ejemplo Fortunata, habla con vulgarismos, errores gramaticales, pero lo hace el autor a propósito para reflejar sus clase social baja.
Ellos son los portavoces de los pensamientos del autor, mientras que los antagonistas se caracterizan por adoptar una postura contraria, y al final quedan en evidencia.


PROSA

FRAGMENTO DE MARIANELA

Marianela, la novela más popular de Pérez Galdós, es un relato triste y emocionado sobre una niña huérfana e indefensa. Lazarillo de Pablo, un joven apuesto pero ciego, la Nela huye en el momento en que éste recobra la vista para que no descubra su fealdad. En el tercer capítulo, Galdós nos describe a Marianela a través de los ojos del doctor Teodoro Golfín, personaje con el que arranca esta novela.
Marianela, la novela más popular de Pérez Galdós, es un relato triste y emocionado sobre una niña huérfana e indefensa. Lazarillo de Pablo, un joven apuesto pero ciego, la Nela huye en el momento en que éste recobra la vista para que no descubra su fealdad. En el tercer capítulo, Galdós nos describe a Marianela a través de los ojos del doctor Teodoro Golfín, personaje con el que arranca esta novela. -

Capítulo III


—Aguarda, hija, no vayas tan aprisa –dijo Golfín, deteniéndose–; déjame encender un cigarro.



Estaba tan serena la noche, que no necesitó emplear las precauciones que generalmente adoptan contra el viento los fumadores. Encendido el cigarro, acercó la cerilla al rostro de la Nela, diciendo con bondad:

—A ver, enséñame tu cara.



Mirábale asombrada la muchacha, y sus negros ojuelos brillaron con un punto rojizo, como chispa, en el breve instante que duró la luz del fósforo. Era como una niña, pues su estatura debía contarse entre las más pequeñas, correspondiendo a su talle delgadísimo y a su busto mezquinamente constituido. Era como una jovenzuela, pues sus ojos no tenían el mirar propio de la infancia, y su cara revelaba la madurez de un organismo que ha entrado o debido entrar en el juicio. A pesar de esta desconformidad, era admirablemente proporcionada, y su cabeza chica remataba con cierta gallardía el miserable cuerpecillo. Alguien la definía mujer mirada con vidrio de disminución; alguno como una niña con ojos y expresión de adolescente. No conociéndola, se dudaba si asombroso progreso o un deplorable atraso.
—¿Qué edad tienes tú? –preguntóle Golfín, sacudiendo los dedos para arrojar el fósforo, que empezaba a quemarle.
—Dicen que tengo dieciséis años –replicó la Nela, examinando a su vez al doctor.
—¡Dieciséis años! Atrasadilla estás, hija. Tu cuerpo es de doce, a lo sumo.
—¡Madre de Dios! Si dicen que yo soy como un fenómeno... –manifestó ella en todo de lástima a sí misma.
—¡Un fenómeno! –replicó Golfín, poniendo su mano sobre los cabellos de la chica–. Podrá ser. Vamos, guíame.



Comenzó a andar la Nela, resueltamente, sin adelantarse mucho, antes bien, cuidando de ir siempre al lado del viajero, como si apreciara en todo su valor la honra de tan noble compañía. Iba descalza: sus pies ágiles y pequeños denotaban familiaridad consuetudinaria con el suelo, con las piedras, con los charcos, con los abrojos. Vestía una falda sencilla y no muy larga, denotando en su rudimentario atavío, así como en la libertad de sus cabellos sueltos y cortos, rizados con nativa elegancia, cierta independencia más propia del salvaje que del mendigo. Sus palabras, al contrario, sorprendieron a Golfín por lo recatadas y humildes, dando indicios de un carácter formal y reflexivo. Resonaba su voz con simpático acento de cortesía, que no podía ser hijo de la educación; sus miradas eran fugaces y momentáneas, como no fueran dirigidas al suelo o al cielo.
—Dime –le preguntó Golfín–, ¿vives tú en las minas? ¿Eres hija de algún empleado de esta posesión?
—Dicen que no tengo madre ni padre.
—¡Pobrecita! Tú trabajarás en las minas...
—No, señor. Yo no sirvo para nada –replicó sin alzar del suelo los ojos.
—Pues a fe que tienes modestia.


Teodoro se inclinó para mirarle el rostro. Éste era delgado, muy pecoso, todo salpicado de manchitas parduzcas. Tenía pequeña la frente, picudilla y no falta de gracia la nariz, negros y vividores los ojos; pero comúnmente brillaba en ellos una luz de tristeza. Su cabello, dorado obscuro, había perdido el hermoso color nativo a causa de la incuria y de su continua exposición al aire, al sol y al polvo. Sus labios apenas se veían de puro chicos, y siempre estaban sonriendo; mas aquella sonrisa era semejante a la imperceptible de algunos muertos cuando han dejado de vivir pensando en el cielo. La boca de la Nela, estéticamente hablando, era desabrida, fea; pero quizás podía merecer elogios, aplicándole el verso de Polo de Medina: “Es tan linda su boca que no pide”. En efecto; ni hablando, ni mirando, ni sonriendo, revelaba aquella miserable el hábito degradante de la mendicidad.

Golfín le acarició el rostro con su mano,, tomándolo por la barba y abarcándolo casi todo entre sus gruesos dedos.
Teodoro se inclinó para mirarle el rostro. Éste era delgado, muy pecoso, todo salpicado de manchitas parduzcas. Tenía pequeña la frente, picudilla y no falta de gracia la nariz, negros y vividores los ojos; pero comúnmente brillaba en ellos una luz de tristeza. Su cabello, dorado obscuro, había perdido el hermoso color nativo a causa de la incuria y de su continua exposición al aire, al sol y al polvo. Sus labios apenas se veían de puro chicos, y siempre estaban sonriendo; mas aquella sonrisa era semejante a la imperceptible de algunos muertos cuando han dejado de vivir pensando en el cielo. La boca de la Nela, estéticamente hablando, era desabrida, fea; pero quizás podía merecer elogios, aplicándole el verso de Polo de Medina: “Es tan linda su boca que no pide”. En efecto; ni hablando, ni mirando, ni sonriendo, revelaba aquella miserable el hábito degradante de la mendicidad.


Golfín le acarició el rostro con su mano, tomándolo por la barba y abarcándolo casi todo entre sus gruesos dedos.

(origen de datos enciclopedia encarta 2001)

Fuente: Pérez Galdós, Benito. Marianela. Buenos Aires. Editorial Losada, 1972.


Antología en La Revista
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