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Corrientes Literarias: Barroco

Para lograr aumentar nuestros conocimientos acerca de un determinado autor u obra, es importante también adentrarnos a conocer su época, tanto histórica como literaria: conocer (aunque sea brevemente) sus características y como afectaron al artista. Es con este fin que realizamos el presente trabajo, en donde recorreremos las principales corrientes literarias que se han sucedido en el tiempo desde el renacimiento hasta comienzos del siglo XX. // Autor: Maikol Chocho - Fuente: www.monografias.com

Al entrar a analizar esta corriente cultural, nos encontramos con una complejidad difícil de dilucidar. El Barroco tuvo, como escribe Hauser, esfuerzos artísticos diversificados que surgen de forma variada en los países y esferas culturales de Europa. Es completamente diverso el barroco de los ambientes cortesanos y católicos al que se desarrollaba en las comunidades culturales burguesas y protestantes. Las diferencias radicales también se encuentran dentro de las grandes corrientes estilísticas. En el barroco cortesano y católico encontramos obras de arte que presentan una dirección sensual, monumental y decorativa y decorativa "barroca" en el sentido tradicional, y un estilo "clasicista" más estricto y riguroso en la forma.

Desde el arte gótico se fue complejizando el estilo artístico. Los diversos elementos, antes concebidos como elementos separados, se van conformando cada vez más como una estructura homogénea.

La denominación del arte del siglo XVII como barroca es moderna. En sus comienzos, la palabra "barroco" adquirió valor peyorativo en los sectores humanistas del renacimiento. Era usada para referirse despectivamente a los lógicos escolásticos y a sus argumentos y razonamientos, considerándolos absurdos y ridículos. El cambio en la interpretación del arte barroco se debe principalmente a los estudios de Wölfflin y Riegl. En la obra Los Principios fundamentales de la historia del arte (en alemán Kunstgeschichtliche Grundbegriffe) escrita por Wölfflin hacia el año 1915 se caracteriza al barroco como un estilo que se desarrolla a partir del "clasicismo del Cinquecento" (siguiendo a Hauser), y establece cinco categorías antitéticas, fundamentalmente reducibles al binomio táctil-visual que Wölfflin toma de Riegl, que definen las transformaciones verificadas en el paso del estilo del renacimiento al barroco.


En el arte clásico la forma tiende a la definición fija, al geometrismo y a la claridad; aquella que prefiere lo lineal a lo plástico en un espacio racional y que somete todo a la armonía y a la simetría. La razón somete a la pasión.

En cambio, el arte barroco desarrolla la percepción emotiva y conmovedora que tiende a lo pictórico, a la imagen cambiante y móvil de composiciones abiertas. La visión se disloca y busca la disimetría presentando una composición abierta con apariencia de improvisación. El sentimiento puede a la razón.
Aunque este desarrollo del historiador suizo desempeñó un papel relevante en el establecimiento del concepto de barroco en la historia del arte, es necesario reconocer que su doctrina se presta a diversas críticas. Hauser menciona que: "las categorías wölffinianas del Barroco no son sino la aplicación de los conceptos del impresionismo del arte del siglo XVII" (ídem, pág. 499).

Wölfflin, como escribe Vítor de Aguiar e Silva, "establece sus categorías partiendo de un concepto de arte puramente morfológico y muy anti-histórico, postergando así, en gran medida, factores espirituales, culturales, sociológicos, etc., de gran importancia" (Silva, 1984, pág. 203).
Como tercer crítica, Wölfflin no considera en su análisis antitético al manierismo, por lo que muchas características que fueron atribuidas al arte barroco son hoy consideradas como propias del manierismo.
El clima de tensión que predomina durante el siglo XVII es provocada por una nueva visión del mundo basada en la ciencia natural. Siguiendo a Hauser "el descubrimiento de Copérnico cambió definitivamente la tradicional posición señalada por la Providencia que ubica al hombre en el centro del universo. Pues tan pronto como la tierra no se juzgase como el centro del universo, el hombre no podía significar el sentido y la finalidad de la creación" (ídem. Pág. 505). El hombre pasó a convertirse en un factor pequeño e insignificante ante la inmensidad del universo. Ante esta realidad, "el hombre adquirió un sentimiento nuevo de confianza en sí mismo y de orgullo" (ídem.). El hombre barroco se deslumbra ante la inmensidad del universo y busca comprenderlo, poder calcular sus leyes y entender su complejidad.

En contraposición con el tópico del "carpe diem" desarrollado en el Renacimiento, el hombre barroco tiene una concepción angustiosa del tiempo, siente el terror pascaliano de saberse suspendido entre dos abismos (el infinito y la nada). Los poetas meditan acerca de la fragilidad de la belleza humana. Se recuerda dolorosamente que todo es vano y efímero sobre la tierra. El hombre mira las ruinas de los grandes imperios que existieron en la antigüedad y recuerda su transitoriedad.

Dámaso Alonso define el Barroco como "una enorme coincidentia oppositorum"[2]; las antítesis violentas, la tensión de las almas, el sentimiento de inestabilidad ante lo real; así como la de sentirse simultáneamente grande y miserable, ángel y bestia, eterno y transitorio, son puntos que definen este período. En la literatura barroca, la expresión de belleza adquiere un fulgor y una rareza excesiva, se desarrolla una estética de lo feo, de lo grotesco, de lo horrible y de lo macabro. Los poetas barrocos cantan a la hermosa enana, la hermosa coja, a la "mujer bizca y hermosa"[3] como escribiría en un poema el genial poeta Quedo.
Las tensiones del Barroco se expresan generalmente en antinomias entre el espíritu y la carne, entre los gozosos celestes y los placeres mundanos. El hombre es un animal religioso y como tal, irrumpe en fuerzas contenidas, en pasión, impulso hacia arriba y hacia abajo, tan característicos de las formas de expresión barroco.

Los barrocos siguen desarrollando su conocimiento del mundo a través de los sentidos. Las palabras y las metáforas se esfuerzan por traducir la intensidad y la fascinación de las impresiones sensoriales.

Para expresar la cosmovisión se utilizaron un conjunto de símbolos en que figuran elementos inestables, efímeros, ondeantes y fugitivos tales como: el agua y la espuma, el viento, la nube y la llama, la mariposa, el ave y el humo, etc. Aguiar e Silva agrega: "El agua, sobre todo, constituye un elemento muy importante en la simbólica y en la emblemática del barroco, ya que el agua corre, borbotea o se yergue en los surtidores de los jardines, ya el agua adormecida, espejo líquido en que el mundo se refleja movedizo" (ídem, pág 288).

Continuando con la temática de la fugacidad y de la ilusión de la vida, la muerte expresión suprema de la condición efímera de la existencia humana, se constituye como uno de los temas principales del barroco. La muerte está oculta dentro de todo lo que vive, en todo el frescor y belleza el artista barroco ya siente el amargo desenlace. La presencia de la muerte se hace muy presente en esta etapa, la poesía medita sobre el aborto, describe el cuerpo comido por gusanos, la peste, entre otros.

Se huye de la expresión sincera y directa, de estructuras de la forma simple y lineal. Dámaso Alonso escribe que el barroco es una literatura de fuertes tensiones del vocabulario y de estructuras complejas. Las formas simples y lineales son sustituidas por formas complicadas.
Hatzfeld señalo al fusionismo como rasgo más importante de la literatura barroca, es decir, la tendencia de unificar en un todo múltiples pormenores, y a asociar y mezclar en una unidad orgánica elementos contradictorios.

Alejandro Cioranescu escribe que los personajes del teatro barroco "han dejado de ser simples y rectos, transparentes en todas las circunstancias y uniformes en todas sus reacciones. Su carácter es complejo, matizado entre un sí y un no, a menudo indeciso y vacilante; y es frecuente que el camino que siga no es el que debe seguir, y que anhele en pensamiento lo contrario de lo que hace en la realidad (…) En presencia de estos personajes, no es siempre fácil predecir lo que sucederá"[4]. Es lo que caracteriza a personajes como Hamlet de Shakespeare.

El fusionismo también se manifiesta en la ausencia de un trazo que delimite las diversas partes de una obra: las personas, las acciones, los paisajes y las diversas características no se describen, sino que se sugieren.

Entre los recursos literarios privilegiados por los artistas barrocos se destacan: la paradoja, el oxímoron, la antítesis y la metáfora. La paradoja caracteriza a personajes divididos, como el cuerdo-loco del Quijote, el cual era cuerdo para hablar pero loco al proceder. El oxímoron manifiesta las contradicciones dentro de un mismo sintagma, traduciendo la fusión de valores paradójicamente contrarios. La poética Barroca busca que el lector se sorprenda y maraville. El escritor barroco es, en cierto sentido, como dice J. L. Borges "un buscador de vanidad, preocupado en exceso por oscurecer el lenguaje"[5].


En cuarto lugar, Aguilar comenta que: "la metáfora es el elemento fundamental de esta poética: constituye el instrumento por excelencia de una expresividad misteriosa, la revelación de recónditas analogías que el poeta ve en la realidad, la transfiguración fantástica del mundo empírico." (Ídem, pág. 294).
También, como escribe Hatzfeld: "disfrutan de una segunda primavera la anáfora, epifora, figura etimológica, juego de palabras, paronomasia y paronimia" (ídem, pág. 140)

Antología en La Revista
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