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Griselda García : “Poesía Deliberada”

Griselda García nació el 4 de mayo de 1979 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. Publicó los poemarios “Alucinaciones en la alfalfa”, edición de la autora, 2000, “El arte de caer”, Alicia Gallegos Editora, Buenos Aires, 2001, “La ruta de las arañas”, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2005 y “El ojo del que mira”, Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2009, disponibles gratis en http://griseldagarcia.blogspot.com.ar . // por Rolando Revagliatti


Modelo en estudio de pintor

Ansío el roce del lápiz contra el papel
la caricia del pulgar que esfuma el trazo.
Voy a esperar a que prepare sus cosas.
A que despierte el ojo que todo lo ve.

30 minutos. Su rostro rezuma sudor.
Me mira y es como si viera
más allá del más allá.


45 minutos. Un mosquito hunde su trompa.
El poro se rebela en hinchazón.
El isquión lucha por adaptarse,
un deslizamiento mínimo
que atenúe la molestia.

50 minutos: "Abre los ojos"
La menor tensión del músculo
cambia la escena, la pose se modifica
el rictus es otro, nuevo y distinto.

60 minutos. La mancha de vino en la pared
se convierte en un espía a quien llamo Dimitri.
Con él dialogo en la duermevela.

75 minutos: "No muevas la mano, por favor".
Los huesos del coxis gritan desde su caja.
La inmovilidad que parecía un descanso
se vuelve una jaula en la que estoy atrapada
en la que busco no ya estar cómoda
sino atenuar el dolor.

A través de los párpados la luz cambia.

Al final, la disciplina hace la vida más fácil.
A una orden suya podré moverme
pero eso no me hará libre.

Voy a correr a abrazarlo.


I
El pintor

Esa mañana abandonó su túnica
con la impunidad de toda bella.
Yo aparté los ojos:
su figura desafiaba a la vista.

Con mis manos sin pudor
hubiera dado diez años
por reconocer sus detalles
y dibujarla con la paciencia del viento.

No podía, como antes, mover
el pincel durante horas
mi cabeza flotando sobre océanos
y levantar la vista para
captar el paso de la luz
en el mediodía de verano.

Su esencia de mujer
pulsa cada fibra de mi ser hombre.

Sé lo que hubiera dicho mi maestro.

No voy a condenarla a la chatura del papel
voy a darle dimensión de vida, la mía,
y amarla.

II
La modelo

Esas mañanas te veía
entornando los ojos para captar
la incidencia de la luz, las sombras
recortándose en la trama de mi piel.

Me costaba mantener la quietud
cuando te acercabas
para reconocer cierto pliegue
de la tela, algún matiz.
Hubiera querido tocar tus manos
tus dedos con el tizne del carbón.

No me mires, mirame.
Que tus ojos se hagan
de agua y pueda beberlos
que no veas más que mi cara
en otras caras.

En cada jornada sos vos el modelo
y yo la que absorbe mil detalles
de placer en tu figura.

Paso las tardes con el recuerdo
de tu cuerpo de hombre
doloroso y dulce.
Te amo aunque no lo sepa

todavía.


La foto robada

Se nos debe ver muy lindos
se nos debe ver hermosos

con el puesto de comidas
detrás a punto de cerrar
dejándonos encandilados
por la blancura del mediodía

pero mi mano apoyada en su hombro
tiene el puño cerrado


se va a terminar, se termina
se escurre como arena

el mismo océano que miramos
como en una imagen de póster
nos va a separar

se va a terminar, se termina
en marzo voy a recordarnos
bebiendo con sorbetes de colores
y sombrillitas simpáticas

explotemos en mil llamadas cariñosas
en diminutivos graciosos y tiernos

se va a terminar, se termina
voy a recordar
cuando una ola te tapó y
saliste enojada como una nena

se va a terminar, se termina
en marzo el bronceado
va a ser sólo un rastro

nos veo las sonrisas de los que ríen
porque tienen los dientes bien
pero mal el alma

el reflejo plateado sobre el agua turquesa
tragos, sorbetes de colores
y sombrillitas simpáticas

los lugares comunes suelen ser
los que contienen más verdad
con vos quiero caer en todos

les dejo la originalidad a quienes deben
inventarse un amor para escribir.


Las grandes aguas

Y a quién vas a llamar cuando acabe el día
y al volver del trabajo pienses en estar con alguien
a quién vas a llamar para que te acompañe
cuando camines por las calles tristes de siempre.

Verás que todos están con alguien menos tú
que deseas cosas que no volverán
y dejas pasar aquellas que te harían feliz
si estuvieras preparado para verlas.

Hacia el fin de jornada cierro los ojos.
Escucho el roce de las alas de la polilla
embriagada de oscuridad.

En la noche del viernes por calles tristes
enviarás mensajes a teléfonos apagados
desde cuartos de paredes sucias
con pequeños roperos atestados
en camas marineras sin equilibrio
ardiendo de deseo por el cuerpo de una mujer
rezándole al Señor de los Milagros
por el cuerpo de una mujer
rezándole a Chacalón que es Dios
por el cuerpo de una mujer.

A quién vas a culpar por no haber hecho lo correcto
a quién vas a llamar cuando acabe el día
y volviendo por calles tristes sepas que te espera
el catre pequeño, más pequeño sin mujer
sin cuerpo que fatigue la innúmera cama.

Vas a decir que me extrañas cuando ya sea tarde
vas a pedirme que hable cuando no tenga fuerzas.
Hubiera hecho falta tanto más juntos
para convertirme en el árbol
que baña con su savia
el hacha del leñador que lo ha herido.

No soy tan buena, lo siento.
Las monjas hablarían de perdonar
de dar la otra mejilla.
Qué saben ellas de amar si se han casado
con un mudo, un ausente, un muerto.

¿Dónde estabas, que no te vi?


Tenía que ser ahora, no antes
antes no hubieras podido verme, éramos otros
tenía que ser ahora.

Y ahora aquí estoy, aquí estamos
estar contigo es bailar dentro de un huracán
una máquina voltaica años luz al borde del sol
un agujero negro empujando el centro del abismo
tu piel y tu pelo, chocolate y manjar blanco
rompiendo en mi paladar de sibarita.

Mi piel todavía sabe a ti, salobre y dulce.
Hombre. Ser de ensueño y luz
agua mansa y cascada en caída libre.
Nada va a lavar tu olor en mí
como una casa musical voy a conservar tu voz
tu forma de cantar las palabras.

Y quién va a navegar tus aguas, nadador
quién se atreverá a enfrentar las grandes aguas
el amor es un laberinto del que se sale volando
o se perece buscando la salida.

Qué bueno no haber escuchado a las amigas:
Tranquila, tómate tu tiempo...
tranquila estuve toda mi vida
tranquila estaré en la tumba.

Olvidé que no eras río sino océano y
me bebí de un trago tus aguas, nadador
y las encontré amargas y me ardieron
como una insolación de eclipse.

Que tus ojos se hagan de agua y pueda beberlos
fue mi profecía y me ahogué:
llega un momento en que las palabras
tienen valor de acto.

No voy a naufragar en tus aguas, nadador.
No voy a inmolarme en el laberinto del amor.

Vuelvo a mi vida habitual
a la calma monótona que necesito
para transformar la mierda en oro.

Vuelvo a mi centro que se parece mucho
al ojo del huracán, el lugar de mayor quietud.

En el ojo del huracán hay calma.
En el ojo del huracán está
todo lo que hemos perdido.
Lo perdido es nuestro para siempre.

Mientras escucho a la polilla
que se quema las alas contra la lámpara
pienso que es duro el destino
de los que buscan la luz.


Lo que nos dejó la poesía de los 90 (Pablo Neruda recargado)

Puedo escribir los versos más sórdidos esta noche.
Escribir: se me nota el peronismo a la legua,
en la calle sólo me gritan obreros o mecánicos.

Un hotel en Constitución
con botellas rotas y bichos en las paredes
adonde él me lleva después de salir de la obra.
De la obra, de la obra en construcción
donde se gana el pan con el sudor
de su lomo de negrazo divino.

No me denuncies al INADI, por favor,
todo bien con vos morocho andino,
voy por la hermandad latinoamericana.
Nunca podré pedir leche de tigre
en un restaurante sin sonreír.
Es de familia: mamá, Guadis y yo
tres camioneras, una grosería tras otra,
chistes de mal gusto, recuerdos del almacén,
de cuando esparcimos a papá en el río de Alpa Corral.

Puedo escribir los versos más sórdidos esta noche.
Escribir: a través del denso vapor de la ducha
el morocho tensa los músculos aceitados.
Se acerca, siempre que un hombre se acerca da miedo,
tanta masculinidad acechante inquieta,
es como si se te acercara el Aconcagua.


Hundo los dedos en la espesura de su pelo mojado
y cuando inclina la cabeza en un grito de ardor,
la mujer de la limpieza no sabe ni quiere saber
qué le ha ocurrido al pasajero de la habitación 23.

* “Poesía Deliberada”, Editorial Textos Intrusos, Colección Ropa Vieja, Buenos Aires, 2013

***
Entrevista realizada a través del correo electrónico: en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Griselda García y Rolando Revagliatti.
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