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Carlos Barbarito: Poemas


Carlos Barbarito nació el 6 de febrero de 1955 en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires, la Argentina, y reside en Muñiz, también localidad bonaerense. // Por Rolando Revagliatti

¿Dónde se sitúa, entonces, la muerte?...


¿Dónde se sitúa, entonces, la muerte?
¿En recodo, pliegue? Lejos,
donde no alcanzo, el viento desvaría
y el curso del agua se tuerce
en dirección al salitre. Y el lenguaje,
éste, reduce su dignidad a una tos,
súbita y profunda. Enferma
de una enfermedad antigua,
ante la que el más poderoso remedio
es apenas un placebo.
¿Dónde? ¿En andén,
lágrima, coda, mineral, nudo?


*


Y de mí qué se embarca, qué ruta emprende…


…It looked as if a night of dark intent
Was coming, and not only a night, an age…
Robert Frost, Once by the Pacific



Y de mí qué se embarca, qué ruta emprende;
de mi mano, torpe música ciega
y una herida en el aire que exhalo.
Ignoro el pasado y el porvenir de la estrella,
qué se oculta bajo la tierra que piso,
por qué lo que se busca queda siempre del otro lado.
Estoy solo. Estás sola.
El perro acude y nos lame las manos.
¿Acude o se trata de un sueño?
Dejo una marca en la madera.
Ésta, con la punta del cuchillo.
¿Dejo una marca o lo sueño?
Sí, hablábamos de remotas constelaciones,
de súbitos prodigios, de lluvias extrañas;
pero sobrevino el silencio y fue espeso,
se hizo la tiniebla en pleno día
y ya no hubo razón para rarezas y milagros.
Y no pudimos vestirnos.
Y no pudimos desnudarnos.



*


Mi vida fue un error –dijo…


Mi vida fue un error –dijo. Y se arrojó al vacío.
Ese acto postrero, definitivo, ¿rompió el cerrojo?
¿Pasó una esponja húmeda por cada una de las siete heridas?
¿Delineó, con arte angélico, una vía de salida?
¿Dio paso al goce, el fruto rojo bajo una luz blanca?
¿Trajo una espuma duradera, un padre renovado?
¿Detuvo al arpón en pleno vuelo hacia el pez?
¿Repuso la médula, la espalda, la espina?
¿Rehízo el devastado reino del escarabajo y la hormiga?
¿Desafiló el hacha, dio vista al ciego, recuperó salario y jardín?
¿Qué del eterno instante del parto, del unísono coral en viaje?
¿Qué del tributo seminal, del lento masaje en las encías?
¿Qué del vino bebido a pequeños sorbos, junto al fuego?
¿Y el sonido que, desde siempre, engendra?
¿Y el silencio que, desde siempre, acerca el agua a las orillas?


*


A donde va a consistir el invierno…


A donde va a consistir el invierno:
caridad que no salva ni a una flor
y la hora que no señala el mediodía.
Se dice ave como se dice adverbio,
con la misma, unánime laxitud;
en los vidrios, el propio reflejo
que la mente supone ajeno.
Desde alguna parte, una voz, sin oyentes a la vista:
a recoger lo que quedó del místico desposorio,
del antiguo y perdido arcano
que sabía fusionar el milagro y el deuterio.
Mas, en blanco el pentagrama.
No hay casa para la tenaz devoción,
la esporádica bandada,
el último coro, su incierta altura, su menguante iridiscencia.



*


¿Hay, abajo o arriba, una voluntad…?


¿Hay, abajo o arriba, una voluntad
capaz de reunir, en un mismo punto,
denso de toda densidad, cuerno y cifra?
En el preciso instante de la hoja seca,
¿dormita el puño atravesado por la espina
y se nutre el pecho ciego de azafrán y cábala?
No dura el pez en la tierra.
No dura el terrón bajo la lluvia.
No dura la mirada ante la luz que explota.
No duran. Sólo la noche es alta
y el día se disipa en su propia y constante radiación.
En lo oscuro, regurgita, ofrece
de su boca un bolo casi místico,
allí se congregan vestidos y desnudos,
presas de la fiebre, dando gritos.



*

Música ciega, en el dominio…


Música ciega, en el dominio más helado.
En el invierno, ni la imaginación concibe el verano.
Ni la flor, ni el fruto,
ni la agilidad del animal entre charco y charco;
digo Abisinia y, de pronto, cruje la madera
y se derrumba, envuelta en ocre, la inocencia;
digo yo y, de inmediato, sal en la herida
y el destino como filo, gorgojo, ausencia.
A los pies de cada cama, con su enfermo,
una mujer de blanco, inmóvil.
Hablaría, el enfermo, en lenguas, si se lo propusiese.
Profetizaría pestes y lluvias de sapos,
la mujer de blanco, si se lo propusiese.
Pero es Abisinia y ambos callan,
afuera cae la hora por su propio peso
y un daguerrotipo fija vulva y colmillo,
y aquello, secreto y antiguo, que los lubrifica.
Pero digo yo, y la silaba pierde su eje,
se disipa entre repetidas, monótonas conversaciones
que dan cabida al vano consuelo
y arrojan, como agua servida, el nudo, la estrella.


*


Entrevista realizada a través del correo electrónico: Ciudades de Muñiz y Buenos Aires, distantes entre sí unos 33 kilómetros, Carlos Barbarito y Rolando Revagliatti, 2015.

*

www.about.me/rrevagliatti


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